Se arrepintió de embustes,
trampas, estafas y ‘turradas’
en voz alta.
Pidió perdón a los dioses
por los errores
y las faltas.
Admitió doble-mentiras a mujeres feas
(sobre la belleza de ellas
y las suyas intenciones).
Despierto, soñó pesadillas,
Dormido, soñó con doncellas
y con recibir millonarias donaciones.
No señor. No se fue. Eso no es cierto.
Está cerrando lo ojos sin sueño
por no ceder el asiento.
Le cantó al Diego y a Carlitos,
al Gordo, al Tano y a Monzón.
Y le cantó a Minguito.
Habló de la nostalgia del exilio
de quien se va del ‘ispa’ con el corazón
lleno de latidos.
Por Balá dejó el chupete
y por el bobo el cigarrillo,
encendido.
Por vocación buscó su suerte
en tangos, bares y pocillos
herejes poseídos.
No señor. No se fue. No es un duelo.
Si acá está el mate, el gallinero
y el alma del abuelo.
¿Dónde va a ir de parrillero
sin título homologado?
Si está en su casa.
Se está cebando unos mates
sin azúcar, amargos,
y encendiendo las brasas.
Esperando las musas de una nueva milonga,
pensando en su primer amor
que fue guitarra,
madre de candombes y de congas,
de tangos en Mi mayor
y de noches de farra.
No señor. No se fue Alorsa. Viene enseguida.
¡Qué locura! Si era siesta,
nomás, la que dormía. |