Anoche,
mientras dormías,
me metí dentro de tu cama,
levanté la sábana y sus alas
y te libré de tus prendas
para besarte con ganas,
allí, donde más te duela.
Anoche,
mientras soñabas,
me entreveré entre tu sueños
y quedé a solas contigo.
No. No para ser tu dueño.
Sólo para ser tu amigo
y estar adonde tú quieras.
Anoche,
mientras reías,
con dulzor de andar durmiendo
te he robado una sonrisa,
una mirada y un beso,
para guardarlos conmigo.
Para tenerte en mis sueños.
Anoche,
cuando me iba,
y te dejaba sola en sueños,
sentía que me llamabas:
“quiero el calor de tu leño,
no quiero el calor de otro hombre,
quiero que seas mi dueño”.
Anoche
me fui en silencio,
y pasé la noche en vela
pensando que tu revuelo
ya no será mío, abejuela;
ni tu mariposa mi sueño;
ni tu alma mi canela.
|