Cuando Benjamín Escudero terminó séptimo grado inevitablemente la escuela de La Mudana se cerró.
Fue el último alumno que pasó por sus aulas.
El último y el único que tuvo, aquel año, la maestra Liliana Machuca.
El que dejó a sus espaldas la puerta cerrada con llave en el ex Colegio Juan José Paso, a finales de 2008.
No hay más alumnos. La Mudana, a más de 3.500 metros de altura, es casi un pueblo fantasma de las Pampas de Pocho en la provincia de Córdoba, República Argentina. Se ubica a 30 kilómetros del límite con La Rioja y a la misma distancia, aproximadamente, de la localidad de Taninga. En él viven unos 30 habitantes, no más, muchos de ellos de forma discontinua.
Para llegar a La Mudana desde Córdoba capital, es necesario recorrer unos 170 kilómetros de los cuales una quinta parte, por lo menos, se hará por camino de tierra y ripio. Es un camino que pasa por Dumesnil, Cabalonga, El Durazno, Los Gigantes y Taninga –hasta aquí el asfalto- y luego recorre Las Cañadas y Piedras Rosadas en un tramo de unos 40 kilómetros pedregosos en el que se interrumpe la carretera asfaltada Nº 28 para continuar luego, siempre hacia el oeste de la Cordillera, a partir de El Cadillo.
La historia de la escuela rodeada de Palmas de Caranday, árbol típico de la zona mesopotámica argentino-paraguaya, es conocida desde el año 2007 en Argentina gracias a un extenso informe publicado por el diario LA VOZ DEL INTERIOR de la capital cordobesa.
En ese entonces Benjamín era el único alumno del Colegio Juan José Paso, que recorría 5 kilómetros diarios en su burro para asistir a clases; y Liliana la maestra que vivía en el colegio y que veía peligrar su trabajo por la falta de alumnos.
“En marzo pasado –explica la docente- la escuela cumplió 80 años”. En efecto, había iniciado su función educativa en marzo de 1929, con 7 ú 8 alumnos.
La historia en sí es una más de las miles que existen en la Argentina secreta y que podrían ocupar la pantalla gigante de cualquier cine del mundo. Eso es lo que pensaron Eduardo Sánchez y Fito Pochat, quienes el año pasado filmaron el documental ‘Benjamín y el viento’, donde alumno y maestra se convirtieron en actores y protagonistas.
"Apenas conocimos a Benjamín decidimos llevar la historia al cine: su caso es un fiel reflejo de muchos pueblos condenados a extinguirse porque carecen de políticas concretas de Estado", explica Carlos Quiroga, guionista del film.
“Hubo una época en la que esta escuela tenía dos maestras para atender a 40 alumnos”, afirma Liliana, consciente de que la falta de trabajo en esa zona árida generó el éxodo masivo de su población.
La película se rodó desde mayo de 2008, en los primeros meses de clases del último año de Benjamín; y finalizó el 5 de diciembre con el acto de fin de curso y el cierre de la escuela hasta que haya, por lo menos 5 alumnos.
‘Benjamín y el viento’ se estrenó en febrero en Las Palmas, un poblado de 65 habitantes que se ubica a pocos kilómetros de La Mudana, rumbo a Los Túneles, y que es el lugar donde ahora Benjamín y sus hermanos cursan el nivel secundario en una escuela-albergue.
A su estreno, en una sala improvisada de Las Palmas, asistió gente que nunca en su vida había ido a un cine.
El mes pasado la historia de este niño y su maestra que fue noticia en LA VOZ DEL INTERIOR del 5 de agosto de 2007, y que luego recogió y publicó el periodista Carlos Quiroga en la revista GENTE, se proyectó en Dinamarca.
El film de la productora Híper Kinesis, de 29 minutos de duración, se proyectó en la Semana de Cine Argentino, del 19 al 25 de mayo, en el centro cultural Verdenskultur Centret de la ciudad de Copenhague.
El público aplaudió de pie como si Benjamín fuese un superhéroe que aparecía en pantalla con un uniforme blanco y montado en un burro color negro azabache.
Él sólo anhelaba terminar el ciclo de educación primaria.
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