“Te quiero más que a nadie en el mundo. Ven conmigo al castillo de mi padre y serás mi esposa”, dijo el Príncipe a la hermosa Blancanieves que acababa de despertarse en medio del bosque.
- Vale -dijo la hermosa mujer- pero tendremos que llevarnos a mis siete pequeñines...
- A tus siete peque... ¿Te refieres, amor mío, a los siete enanitos?
-
Ya sabes, mi príncipe, “tuya la vaca tuyo el ternero”.
- Ya. Ya. Si lo entiendo, pero una cosa es un ternerito y otra muy distinta, amor mío, es llevarse a los siete enanos con nosotros, que comen como lima nueva.
-
Ya te entiendo, Príncipe -dijo la hermosa Blancanieves bajando la mirada-. Pues nada. No hay boda.
- No, no. Mi amor, espera. Déjame analizar la situación.
- ¿Analizar? Para análisis la orina, mi Príncipe, y la sangre. Las cosas son así de simples, yo te doy el Sí pero te haces cargo también de mis siete hijos adoptivos: Sabio, Dormilón, Feliz, Gruñón, Tímido, Estornudo y Mudito.
- Vale, Blancanieves. Vale. Que sea como tú dices.
Desde entonces el Príncipe, Blancanieves y los siete enanitos, viven juntos en un castillo encantando lejos de la bruja mala, los espejos mentirosos y las manzanas que aún no están maduras. |