"Así como las ves, estas botas van a ser muy famosas", le dijo el Padrino cuando las tenía terminadas.
Cecilio tenía 6 ó 7 años de edad y como cualquier niño de la isla de Ibiza en la década del 60, quería jugar al fútbol porque lo hacía bien y porque creía que era mejor que sus amigos.
Entonces lo intentó varias veces, y aunque tuvo éxito y pudo jugar en equipos infantiles de la época, siempre lo hizo en zapatillas.
"Vas a jugar mejor cuando tengas las botas", le dijo el entrenador. |
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Esa noche llegó a casa y contó lo de las botas. Alguien de la familia tomó nota en el chip de la memoria del afecto, y a los dos o tres días apareció el padrino de Cecilio, que además de quererlo mucho era zapatero de profesión.
"Si con las botas vas a hacer más goles, entonces tendrás tus botas", dijo el Padrino, y se puso a elaborarlas.
Las construyó en cuero negro, para que brillasen cuando las lustrara. Le puso una tira roja en la junta, a modo de decoración y para hacerlas más fuertes en la costura. Y en la suela, para no hacer daño al piecito del niño, le puso unos tacos enormes de madera que le ayudaban a trabarse en el suelo pero sin deformar el pie.
Cuando las tuvo listas, les colocó unos cordones resistentes y largos, y se las llevó al ahijado dentro de una enorme caja de cartón.
Hoy, a casi cincuenta años de la cariñosa fabricación de aquellas pequeñas botas de fútbol del Padrino, Cecilio decidió colocarlas -previo lustre y brillo- encima de la caja de cartón enorme que recoge las ayudas para Haití en el bar del campo municipal de fútbol de Sant Jordi.
"No recuerdo si hice muchos goles con ellas", afirmó el ya cincuentón Cecilio, "pero sé que me hicieron muy feliz y que las guardo con mucho cariño".
Así como las ve, estimado lector, estas botas son muy famosas.
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