Era una osadía y ellos lo sabían. Pero igual quisieron intentarlo porque soñaban con hacer ese viaje, con llegar a Tierra del Fuego en un Citroën 3CV del año 1975 que estaba impecable.
El coche había sido debidamente preparado y revisado por Sergio, el mecánico. Sólo llevaban como repuesto más que importante, según lo que sugirió el especialista, dos juegos de semiejes nuevos porque ese es el único problema que tienen los citroën 2CV o 3CV con techo de lona, además del chasis 'podridizo'.
Salieron a la carretera a las 6 de la mañana, para evitar durante al menos tres horas el sol de frente. La ruta prefijada estaba clara: el primer destino saliendo desde casa, era la ciudad de Río Cuarto y así lo habían marcado con fibra amarilla fluorescente en un mapa precioso y muy completo de la República Argentina, que habían comprado unos días antes en el Automóvil Club.
En Río Cuarto comieron unas milanesas espectaculares, que se habían llevado preparadas en un 'taper' y antes de retomar el viaje decidieron llenar el tanque de combustible allí mismo, para evitar el trámite en los próximos 200 kilómetros.
En la Estación de Servicio el despachante les sugirió un camino alternativo en la provincia de La Pampa, para ganar tiempo y distancia. El hombre conocía la vecina provincia porque era nativo de allí: "Por ese camino, que no transita nadie, se pueden acortar entre 150 y 200 kilómetros", dijo.
Era mucho. Para la distancia que ambos tenían que recorrer -en total serían casi 3.500 kilómetros de ida y otros tanto de vuelta- acortar 200 era importante.
Cruzaron Santa Rosa de noche y en lugar de acostarse a dormir prefirieron seguir viajando de madrugada. Miguel se puso al volante y Emiliano se acomodó atrás, para dormir un rato.
Cuando Miguel llegó al cruce, en un pueblo llamado El Carancho, desvió por el camino arenoso que le había indicado el señor de la Estación de Servicio y con sorpresa vio, al menos en los primeros 5 kilómetros de ripio, que estaba es muy buen estado.
La noche, de repente, se puso muy cerrada. La luna despareció del cielo y las luces del citro parecían no iluminar lo suficiente cuando, en un cruce de caminos, Miguel descubrió un cartel que indicaba: "Río do Janeiro a 2 kms".
Se quedó perplejo.
Siguió en la carretera unos kilómetros más pero no aguantó y lo despertó a Emiliano: "Emi, Emi. Despertate, te voy a mostrar algo". Giró en 'U' y se volvió hasta el cartel indicativo. "Yo no me voy a quedar con la duda", dijo el conductor, y se metió por el camino de tierra que llevaba a Río do Janeiro.
Apenas el citro comenzó a rodar por aquella tierra arenosa y seca, la oscuridad de la noche comenzó a abrirse hasta convertirse en claridad.
Y en día.
Cuando los dos amigos llegaron en su citroën 3CV a un lugar llamado Río do Janeiro en medio de la provincia de La Pampa, el sol le quemaba la piel a ambos y sus relojes no marcaban más de las 2 de la madrugada.
Cruzaron una rotonda y se metieron en el pueblo, que estaba con todos los locales abiertos como si fuese de día y con un clima de fiesta impresionante. Las chicas iban con trajes de baño y apenas cubiertas con pantalones cortos o faldas livianas; los hombres, de cualquier edad, iban preparados para meterse al agua en cualquier momento. Los negocios estaban abiertos y había una playa enorme que bordeaba la zona urbana en lo que parecía ser una bahía, pero que, en realidad y de acuerdo a lo que después le informaron a los muchachos, era un río.
A Emiliano se le ocurrió encender la radio para tratar de saber dónde estaban; pero sólo se escuchaba música. En cualquier punto del dial sólo sonaba música.
Estacionaron el citro cerca de lo que aparentemente era un camping y caminaron hasta la playa porque no podían creer lo que estaban viendo.
La playa era enorme, y su arena y sus dunas se perdían en la línea del horizonte.
En un sector de mucha arena, los hombres y mujeres andaban desnudos, e incluso se cruzaron con una pareja de chicas lesbianas tomadas de la mano y sonriendo muy felices.
Corriendo volvieron al citro, se cambiaron de ropas y cuando estaban a punto de irse al agua, vieron el mapa sobre la guantera plástica del coche con el trazado completo a Tierra del Fuego.
Se miraron entre ellos y aunque dudaron algunos segundos, optaron por hacer lo correcto.
Tiraron el mapa a la basura. |