Se los juro.
Esta mañana me levanté a eso de las 4 para ir al baño y al salir al pasillo de casa lo vi.
Ahí estaba: con el traje rojo ya gastado por los años, el bonete caido a un costado, las botas ajadas pero lustradas, brillantes y sonrientes, y las gafas redonditas como las de Johnn Lennon.
- ¿Qué hace acá? -le dije-
- Tranquilo, Marcelito -me contestó con la misma voz que tenía cuando nos encontramos por primera vez, en una madrugada de 1978- Te vine a traer el regalito.
- ¿Un CD? -le pregunté mirando lo que tenía en su mano-.
- Si. En realidad no te pude conseguir el último de León Gieco y por eso te traje éste. Se que lo vas a disfrutar.
Me lo entregó en la mano y cuando me distraje un segundo mirando la portada del compacto, el Gordinflón ya se había ido por la ventana. Alcancé a distinguir al jefe de los renos que me guiñó el ojo mientras dirigía a sus compañeros para no perder tiempo. Los conté, estaban los 9: Trueno, Relámpago, Travieso, Cupido, Cometa, Enérgico, Danzarino y Pompón; liderados por Rodolfo, el de la nariz roja.
Ahora tendré que esperar otros 30 años para volver a verlo.
Es música.
Es la mejor manera de comunicarnos que encontramos los seres humanos en los últimos 30 millones de años.
Es lo mejor que se me ocurre compartir con ustedes en estas fiestas, donde quieran que estén.
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