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17-01-2010
los 53 de Tito

 

Cuando yo lo conocí a finales de la década del 70, lo llamaban Tito, tenía 20 o 21 años recién cumplidos, se veía en blanco y negro y trabajaba como ayudante de un fletero entregando paquetes por todo Buenos Aires en una camioneta Ford con cúpula de aluminio.
Tito era el que hacía el papel secundario, pero se la aguantaba porque lo que él más disfrutaba después de repartir todo el día en la calle, era llegar a la noche a la casa de su novia Dorita (Alicia Zanca) y comérsela a besos hasta pasparle los labios. Entonces Dorita le pedía por favor que parase: “¿No vés como me dejás los labios paspados?”.
Y él pedía perdón y volvía a decirle que la quería.
Eran dos pibes. Me refiero a Tito y a Dorita. Aunque ella tenía un par de años más que él.
En realidad, antes de trabajar como ayudante de repartidor, el pibe había comenzado como Federico Ramírez cuando apenas tenía 12 años de edad. “De ese papel casi ni me acuerdo, porque me lo había conseguido mi viejo”, afirma. Después hizo de Miguel Notari en 1972; de Rogelio González en el '77 y en el '79, con Adolfo Aristarain como director, hizo de él mismo. Es decir hizo de Ricardo, en una de las típicas películas del verano denominada 'Las playas del amor'.
Por ese entonces Ricardo Darín -este sí es su verdadero nombre- era uno de los galancitos de la República Argentina que se pasaba el verano en Mar del Plata haciendo teatro de vacaciones y facturando clink-caja a precio dólar: “Si no aprovecho ahora, no sé cuando voy a aprovechar”, declaró en ese entonces en una de las revistas del corazón.
Seguramente en esa época con 21 añitos en la espalda, el joven galancito de ojos claros y mirada rebelde no se imaginaba la carrera que tenía por delante.
Al año siguiente, en 1980, hizo otra de esas películas de verano: 'La discoteca del amor' encarnando el personaje de Eddie Ulmer.
Cuando ya se estaba creyendo que eso de ser uno de los galancitos argentinos se le estaba terminando, comenzaron a aparecer los filmes serios: En 1983 'El desquite' de Juan Carlos Desanzo; en 1984 'La Rosales' de David Lipszyc; en 1985 'The Stranger' de Aristarain, y en 1986 dos películas: 'Te amo' de Eduardo Calcagno y 'Expreso a la emboscada' de Gilles Béhat.
Todo esto alternando con el teatro, claro está, y la tele.
Estaba casi convencido de que podía ser un gran actor, cuando comenzó la seguidilla de rodajes en 35 milímetros que lo terminaron de afianzar en el rubro.
En 1998, con 'El faro', supo que definitivamente tenía que reforzar su carrera actoral y dedicarse a hacer lo que hasta ahora no había hecho, porque no había terminado siquiera la secundaria: estudiar. Se forjó como el acero, al rojo vivo, y se aleó con los mejores del área para tomar de cada experiencia un trocito.
Cuando en 1999 le llegó el papel de Jorge Pellegrini para la película 'El mismo amor la misma lluvia' de Juan José Campanella, el público argentino se dio cuenta de que ese actor ya estaba a punto de caramelo: es lo mejor que hemos tenido, tenemos y tendremos delante de una cámara de cine. Había que sacarlo del fuego.
'Nueve reinas', 'La fuga', 'El hijo de la novia', 'Un tipo corriente' y 'Kamchatka' sirvieron para sumar a sugrupo de “fans” del cine argentino a aquellos compatriotas más escépticos; mientras que con 'Luna de Avellaneda' las salas cinematográficas del planeta se sacaron el sombrero en el momento en que Darín, mostrándose casi vencido, encuentra el carné de socio vitalicio al club de la Luna de Avellaneda y de los mejores actores del mundo, mezclado entre autitos de plástico, un yo-yo, un cohete espacial de juguete y un viejo trencito a pilas.
En ese gastado carné de dos tapas de cuero con letras impresas en color dorado, figuraba su nombre completo y sus datos de nacimiento: Ricardo Darín, Buenos Aires, 16 de enero de 1957.
No se confundan.
A pesar de cumplir 53 años, Tito sigue peleando por su sueño.
Les juro que si pudiera hablar con él, le explicaría en detalle como se hace para fundar un club nuevo.
Se los juro.

 

 
 
 

 




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