“No sé de quien me está hablando” explicó el muchacho de la scooter roja que tenía una caja en la parte trasera; “yo sólo tengo que entregar esta canastita a la señora mayor que vive en esa casa. Me contrató su hija para que se la traiga porque dice que últimamente el bosque se ha puesto peligroso y hay lobos hambrientos”, señor leñador.
El leñador, con cara de Lobo Feroz hambriento de niñas con caperucitas rojas, sólo respondió con un gesto de aprobación.
Y volvió a meterse en el bosque.
Lo siento por los lectores pero un cuento llamado “Scooter roja” o “Delibery y el lobo” no tendría la misma eficacia que el clásico “Caperucita roja”.
Los bosques de antes ya no son como los de ahora.