“El Mundo es un pañuelo, viejo. Entiéndelo”, afirmó Clelia a su esposo Braulio, mientras los dos miraban en la tele ‘El Diario de Patricia’, sentados en el sillón de la sala.
El octogenario marido no dudó de las palabras de su esposa y cogiendo el periódico por la sección de Clasificados, arrancó una de las hojas de Contactos -servicios sexuales- para soplarse la nariz que desde hacía varios minutos tenía moqueando.
Cuando terminó, el hombre tocó a su esposa en el brazo y le preguntó si le habían quedado manchas de tinta en la ñata. “Si -contestó Clelia-. Ve a limpiarte porque justo te manchaste con la tarifa y los servicios de una tal
Stela Maris, desvergonzada”.
Braulio, sereno, se dirigió al lavabo y buscó el espejo.
Tenía interés en conocer los precios de Stela Maris.
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