A punto estuve de caer
pero no perdí el equilibrio.
Reaccioné casi con brillo
sobre la cuerda del querer
y aunque me atajó la red
me salvé de aquel delirio.
Cambiar tu rumbo no quise,
ni mezclarte en mi destino.
Quise que hagas tu camino,
la ruta que tú elegiste,
sin pensar si me quisiste
o si te importé un comino.
Pero quiero que te des cuenta
que existe este magnetismo
químico, o lo que es lo mismo,
esta pasión en magenta
que nos une y nos enfrenta
siempre al borde del abismo.
¿Evitarlo? No podemos.
¿Qué es lo que quiero contigo?
Tal vez quiera ser tu… amigo,
buscarte, echarte de menos,
intentar que conversemos
o cobijarte en mi abrigo.
Ya sé que cuando nos vemos
nos ponemos como inquietos,
y te sientes en un aprieto
por estar y no tenernos.
Porque nos sobra el afecto.
Porque querer, nos queremos.
Porque nacimos con lazos
que nos hacen semejantes
desde mucho tiempo antes.
¿Qué quieres? Quieres abrazos,
quieres besos y quieres, acaso,
que podamos ser amantes.
Mirarte a los ojos yo quiero
y quiero sentirte cerca,
que dejes tu puerta abierta
al dormir, sola, en tus sueños.
Quiero meterme en tu anhelo
y en él hacerte una oferta.
No. No iría a dejarte
con mi querer ya saciado,
me mantendría a tu lado
hasta lograr acostumbrarte,
porque el amor es el arte
de minas y tipos osados.
Yo sé que de cuerpo y alma
conmigo te entregarías.
Que tenerte te tendría,
aunque no tendría calma:
tu amor sería como talma
que cubre pero no abriga.
Lo siento. No puedo dejarte
que me tengas en tus fueros.
Estar libre yo prefiero
porque no quiero perderte.
Tenerte es, para mí, esa suerte
de mantener vivo el deseo. |