Largo, el pequeño hombre, caminó despacio por La Rambla con la cámara de fotos colgando en su pecho. La gente lo miraba con disimulo esperando que se coloque allí mismo, al lado de alguna de las estatuas vivientes que adornan el paseo a los turistas.
"Seguro que se coloca arriba de un taburete o un banquito para imitar al de la serie de televisión" comentó una señora que supo identificarlo igual a Ted Cassidy, el auténtico Largo de Los Locos Addams.
El diminuto fotógrafo siguió disfrutando el recorrido.
Era un turista más. Un turista de lujo. Un invitado de honor en la ciudad de Barcelona, que lo premiaba así por su trabajo fotográfico realizado en la provincia de Mendoza, en la República Argentina.
El trabajo ganador, que él mismo llamó "Catalán hasta la última gota", comprendía dieciséis fotografías en blanco y negro copiadas en papel mate de tamaño A3, con imágenes de un grupo de vitivinicultores llegados del Pirineo español hace muchos años para implantar allí, en la precordillera andina, su modo de trabajar, sus costumbres a la hora de producir y su buen gusto al elaborar el vino.
"Catalán hasta la última gota" es uno de los tantos trabajos premiados de Largo Gral, quien ahora disfruta de su recompensa recorriendo la ciudad condal, su Rambla, la Plaza de Cataluña, el puerto…
Casi al final del paseo peatonal más famoso de España, Largo advirtió una boca de entrada al metro. Bajó las escaleras, consultó el plano que llevaba en su bolsillo y supo cuál era la línea que le llevaría a la mayor obra de Gaudí: la Sagrada Familia.
El transporte no se hizo esperar, llegó enseguida y en menos de tres minutos Gral arribó a la Estación esperada. Trepó escaleras arriba y cuando aún sus iris no se acostumbraban al cambio de luz, la imagen estalló ante sus ojos.
Se refregó con ambas manos ambos ojos, como ayudándose a mirar mejor.
La vio de espaldas, con las cuatro cúspides apuntando al cielo, y pensó que estaba ante la imagen más impresionante que había visto en su vida.
Sacó su Canon y disparó tantas veces como pudo, en todos los encuadres.
Cambió el rollo y siguió disparando, cambiando de enfoque. Otra vez cambió el rollo y otra vez el enfoque.
No podía creerlo. Aquello era impresionante.
Tras cinco o seis rollos continuos, se detuvo. Se sentó al borde de una fuente que se ubica en la plaza frente de la iglesia y sin dejar de mirar el monumento se dijo a sí mismo: "Si es lo que yo digo. No se necesita ser tan alto para ser tan grande". |