Cuando dijeron que estaba muy enfermo y sabiendo que tenía 87 años, lo recordé recostado en la cama de un hospital argentino, con un estado de salud grave porque su corazón y su cabeza ya no funcionaban correctamente.
Lo imaginé recordando cuando, de niño -como él decía en su personaje de La Luna de Avellaneda- se ganaba la vida con su hermano.
¿Lo recuerdan?
De memoria: Darín, el remisero que quiere sostener el club que lo vio nacer, entra caminando a una sala común de hospital argentino acompañado a sus espaldas por un travelín que recorre las camas, hasta que lo ve. Hay está él. El viejo peleador, fundador del club, luchador anónimo y creyente en la Luna como el que más. Ricardo se acerca. (Darín, digo). Se sienta a su lado y le toma las manos. Él, el gallego, José Luis López Vázquez que en el filme se llama Don Aquiles, parece estar dormido.
¿Sigo? De memoria, digo.
Entonces cambia el plano y Darín le dice: “Don Aquiles”, y él, José Luis López Vázquez, se despierta y balbuceando le contesta: “Bueno… ¿qué susto no?”. Había sufrido un infarto.
¿Sigo?
Entonces Don Aquiles le pide que le abra la ventana, que quiere ver la luna. Y Darín se da cuenta de que no hay ventanas. Pero Don Aquiles insiste: “Quiero ver la Luna”, pero Darín le explica que ese día no hay luna y él contesta: “Entonces despreocúpate porque hoy no me muero”.
A partir de ese momento empieza a mezclar su pasado con su presente, como despidiéndose; hablando de su llegada desde Galicia a Buenos Aires con 8 años de edad y haciéndose pasar por hijo de un inmigrante ruso ante el Pelado de la Aduana. “Nos dejó entrar de lástima”.
¿Sigo?
“¿No podés abrir la ventana un poquito?”, insiste Don Aquiles ya fuera de sí. Y Darín, en una escena que podría considerarse un homenaje a tantos años de actuación del SEÑOR ACTOR JOSÉ LUIS LÓPEZ VÁZQUEZ, se levanta, camina hasta una lámpara que hay al fondo de la habitación común, y colocando un biombo de tela delante, escenifica y disfraza una luna redonda y brillante entrando por la ventana.
Como la de los cuentos.
Como la luna que se ve en Ibiza cuando septiembre está de buen humor.
¿Sigo?
La luz se refleja en el rostro moribundo de Don Aquiles, y éste, agradecido, remata la escena como los grandes: “Si lo ves al Pelado, decile gracias”. El Pelado es el de la Aduana y el “gracias” no es por haberlos dejado pasar, a su hermano y a él, como hijos de un turco, sino por haberle permitido a ese niño inmigrante gallego hacer en Argentina la mejor vida que pudo tener. “Si lo ves al Pelado, decile gracias”, resume toda la vida de don Aquiles en un momento de lucidez antes de morir, y a la luz de la luna.
¿Sigo?
Hoy murió el SEÑOR ACTOR JOSÉ LUIS LÓPEZ VÁZQUEZ, que en Avellaneda conocen como Don Aquiles. Se llevó la luna en su regazo y la foto en sepia del Pelado haciéndose el boludo y dejándolo pasar por la Aduana en el bolsillo del traje. Se llevó la historia del cine español en un bolsillo y en el otro, la del teatro.
¿Sigo?
“Si lo ves… decile gracias”. |