A pesar de la hora –casi las 9 de la noche- aún era de día en el campo donde vive la pequeña Inés, en las afueras de la ciudad, por lo que, aprovechando la luz natural, la campesina terminó de pasar el cepillo de cerda a ambos lados del cuerpo de su amiga, la vaca Mapita, guardó luego los elementos utilizados y se dirigió a la cocina donde su madre tenía ya preparada la cena.
Inés es una niña de 9 años de edad que vive feliz en el campo, rodeada de la naturaleza y varios animales domésticos, y en el seno de una familia muy trabajadora. Su papá, Pedro, siembra la tierra y cría animales; Agripina, su madre, cuida de la casa y de sus hijos, además de cocinar como sólo ella lo hace en el mundo; y finalmente Pedrito, el hermano mayor de Inés, que a sus 15 años ayuda a su padre en las labores rurales y hace enojar muchísimo a su hermanita pequeña con sus bromas pesadas.
Esa noche cenaron los cuatro en el comedor de la casa de Inés. La niña fue la primera en irse a la cama, porque estaba muy cansada. Pedro y Agripina se quedaron en la sala mirando una película de vaqueros, y Pedrito, haciéndose el misterioso, se fue a dar una vuelta por los corrales y, según dijo al día siguiente, fue a "saludar a mis amigas las vacas y a controlar que nos les falte comida".
A la mañana siguiente, con las primeras luces del día, Inés salió de la casa para recoger la leche para su desayuno.
Todas las mañanas eran iguales para Inés: levantarse, asearse y cepillarse los dientes, hacer la cama para que quede acomodada el resto del día y luego ir a buscar la leche fresca, recién ordeñada a su amiga Mapita mientras su madre preparaba las tostadas en la cocina. Cuando Agripina tenía todo preparado, llamaba a Pedro y a Pedrito, y desayunaban todos juntos en el comedor.
Pero aquella mañana fue sorprendentemente distinta para Inés.
Primero le sorprendió su hermano, el bromista Pedrito, que salía del establo con un cubo de pintura y pinceles en sus manos: “¿Qué tal hermanita? ¿Ya vas a buscar tu desayuno con tu vaquita Mapita?”, dijo con voz burlona.
En segundo lugar le sorprendió que todas las vacas estuvieran cambiadas de sitio en el galpón, como si la noche anterior hubieran querido cambiar de habitación. “Espero que lo hayan hecho esta mañana” pensó Inés para sí misma, preocupada porque en caso de haberse mudado de habitaciones en la noche anterior, es muy probable que ninguna de las vaquitas haya dormido.
En tercer lugar, y esto fue lo más alarmante, Inés no encontró a su amiga Mapita. La buscó por todos los rincones del establo: detrás de las otras vacas, debajo de los pajares, en todas las habitaciones incluso en el baño, pero nada. Cuando se dio por vencida salió corriendo a pedir ayuda a su madre, que ya estaba ansiosa por que Inés le trajera la leche fresca para el desayuno.
La noticia de la ausencia de Mapita, la vaca preferida de Inés, sacó de la silla a su padre y a su madre de un salto, y de inmediato se dirigieron al patio a buscar a la preferida de su hija.
"Mapiiiitaaaaaaa", llamaba Inés junto a sus padres, y Mapita nada.
"Te quiero Mapitaaaaa", afirmaba una y otra vez la niña preocupada por la pérdida de su mejor amiga. Pero tampoco así tuvo suerte.
La buscaron durante toda la mañana, mientras Pedrito protestaba por no haber desayunado, y por la tarde, después de la comida del mediodía, volvieron a buscarla por todo el campo, incluso se fijaron bien entre todas las vacas, porque con las últimas 30 que había traído Pedro el día anterior ya eran más de 50 las lecheras que vivían en la casa de Inés.
"Deja ya de perder tiempo" le decía Pedrito, siempre en tono de broma. "Ya va a aparecer Mapita, debe haberse ido al pueblo a comprarse ropa blanca y elegante".
Mapita era una vaquita muy especial, por eso era la mascota y la preferida de Inés. Tenía el hocico, las orejas y las ubres como cualquier otra vaca lechera del mundo, pero su cuerpo escondía una ‘blusa’ muy original: en su vientre redondo que era casi una perfecta esfera, escondía un mapamundi. Su piel blanca se manchaba, a ambos costados de su cuerpo, con los dibujos negros de siluetas que eran iguales a las de un mapa: de un lado Europa, Asia, África y Oceanía, y del otro América, con la isla de Groenlandia arriba, y a la derecha, cerca del cuello del animal, la punta de África por donde se ubica Marruecos.
Si hasta tenía 7 pecas en la zona del océano donde se ubican las islas Canarias.
Por eso se llamaba Mapita y por eso era fácil de distinguir entre el resto de las vacas, aunque para Inés, como para cualquier niño que vive en el campo, es fácil distinguir a los animales. En especial a las vacas.
Para los niños de la ciudad todas las vacas son iguales, pero los niños que conviven cada día con ellas en el campo, saben que no es así. Por eso las distinguen a simple vista y por eso le ponen nombres y sobrenombres.
En el caso de Inés, en cuyo campo vivían más de 50 vacas, ella le había puesto nombre a unas veinte. Carola, Pepita, Naricita, Lucrecia, Pastora, Isidora, Rosario, Agrandada, Grandota, Peque y, obviamente, Mapita, eran algunas de ellas.
Entrada la noche y tras haber probado apenas la cena, Inés se fue a dormir, aunque le costó encontrar el descanso.
A primera hora de la mañana ordeñó a una de las amigas de Mapita y aprovechando que el día estaba nublado sacó a todas las vacas del establo para que coman.
Otra vez las revisó una a una, a pesar de que estaban mezcladas las de siempre con las nuevas que había traído su padre, Mapita seguía sin aparecer.
Una de las nuevas, que era totalmente blanca y no tenía manchas en su cuerpo –sólo en su cabeza, brazos, piernas, cola y cuello- se parecía mucho a Mapita, por lo que Inés comenzó a encariñarse con ella. Debido a su particular color la llamó Blanquita y la puso a comer en la zona en que los pastos estaban más tiernos.
Algunos minutos después, Inés estaba desayunando junto a toda su familia en el comedor de su casa cuando por la ventana de la cocina la mamá Agripina advirtió que llovía. "Llueve a cántaros", dijo, e Inés de inmediato se asomó junto a su madre para ver como las vaquitas disfrutaban del agua de lluvia.
Menuda sorpresa se llevó la niña al ver que Blanquita, la vaquita nueva que tanto se parecía a Mapita, chorreaba leche por todo su cuerpo en lugar de chorrear agua de lluvia como todas las demás.
Asustada, Inés y su padre corrieron hasta el animal por miedo que algo le ocurriera, pero a medida que se iban acercando iban descubriendo el secreto: lo que chorreaba del cuerpo de Blanquita no era leche. Era pintura. Y al cabo de unos minutos de lluvia, apareció en su vientre el mapamundi más que conocido por aquella familia. Blanquita, en realidad, no era Blanquita sino que era Mapita, que había sido pintada en su cuerpo con pintura blanca, por obra y gracia de algún chistoso de turno.
En efecto, cuando Inés y su padre descubrieron la broma, Pedrito se daba panzadas de risa detrás de ellos -debajo del alero para no mojarse- por la broma que le había gastado a su hermana.
El papá Pedro se enojó tanto con su hijo, que lo castigó ese mismo día, haciendo que limpiase todas las vacas con un cepillo de cerda y debajo de la lluvia.
"Papá –dijo Inés mientras miraba por la ventana a su hermano empapado en medio del campo- ¿no te parece que Pedrito ya se mojó lo suficiente?". Pero papá Pedro contestó que no, que aún necesitaba un poco más de agua para que se le quiten esas ideas burlonas de su cabeza.
A la mañana siguiente, cuando Pedrito aún no se había puesto la camisa, Inés le miró el cuerpo con mucha atención y le dijo: “¿Has visto Pedrito como te han salido en la panza, manchas con forma de mapa? ¿Habrá sido por la lluvia?”.
Mientras Pedrito, asustado, iba corriendo a su habitación para ver en el espejo las manchas –que en realidad no existían- que le había notado su hermanita, Pedro, Agripina e Inés se daban panzadas de risa en la cocina por la broma que la niña le había gastado a su hermano.
En el establo, en tanto, y sin que nadie las viera, Mapita y sus amigas también disfrutaron -mezclando sus mugidos con sus carcajadas- mientras veían por la ventana de su habitación como Pedrito, afligido, se buscaba manchas con forma de mapa en su espalda.
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