¿Por qué es tan agrio el sabor,
frío
del desengaño?
¿Por qué me resulta extraño,
lo ácido
que hay en su olor?
No pude sentir su daño,
enceguecido
de amor;
ni pude observar mi ardor,
por dentro,
por tantos años.
Hoy, recordando tu voz
que me viene
desde antaño,
lo veo desde otro escaño
por encima
de los dos.
¿Por qué es tan duro el engaño,
con quien cree
en el amor?
Porque se mete tan hondo el dolor,
que no se va,
aunque pasen los años.
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