Olías a mujer.
A canela,
a hembra, a libertad, a deseo.
A sueños, a ilusiones,
a paseos.
A caricias, abrazos, mimos
y besos.
Olías a piel
Y olías a poro.
Sudabas el perfume de la tierra fresca
y del otoño.
Y el aroma del arroz con leche
recién hecho.
Recién hecho el amor.
Y el de las mandarinas
que se escapan de las manos de su árbol.
Olías a frescura,
a mujer ansiosa.
A dermis avícola
en medio del deseo.
A salitre de verano
y a chocolate de invierno
y a noche de luna
con cielos eternos.
Olías a mujer, cómplice,
esposa, amante, compañera.
Y aún en recuerdos, hueles a canela.
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