Y sonreía,
como siempre sonreía
cada vez que me veía aparecer con el regalo.
“Dejalo”
decía, “para que gastás
en esas tonterías”
Tonterías
pero entonces sólo había
Día del Padre, no existía el del Abuelo.
Un regalo:
unas medias o un pañuelo
para darle una alegría.
¿Alegría?
“Alegría la de vernos”, me decía.
"De disfrutar de mis hijos y mis nietos siendo viejo".
Pero insistía en abrirlo
y descubrir qué escondía debajo del velo.
Yo lo abría.
Yo lo habría
homenajeado con otra regalía
pero mi madre repetía: unas medias o un pañuelo,
un obsequio
para el padre -de mi padre-
en su Día.
En su día
un regalo no valía
por todo lo que escondía debajo del velo,
el abuelo.
“Te lo dije: un pañuelo”.
Y sonreía.
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