Tarritos Comunicación Literatura Escritura Textos Poesía Periodismo Literatura Periodismo Escritura Libros Escritores Textos Ficción No-ficción Narrativa  


www.tarritos.es


 
27-06-2009
perejil

 

A Don Julián se le conocía porque era mudo, pero fundamentalmente, por la anécdota de sus huevos.
Él tenía una hernia que afectaba de forma deforme sus testículos desde hacía más de 10 años. Hombre que venía del monte, muy poco sociable y mudo, fue imposible hacerlo visitar al médico hasta aquella mañana en que el dolor le quitó hasta las ganas de mear. Incluso de vivir.
El otro peón, Raimundo Torrijos, lo cargó en la camioneta y lo depositó en el centro de salud del pueblo a pesar de las advertencias de Julián de que si el médico se reía de sus huevos daba media vuelta y se volvía al rancho.
Con Raimundo de interlocutor entre el galeno y el impaciente paciente que no encontró mejor posición para su hernia que estando de pie, el médico pidió ver el testículo. En esa postura Julián dejó caer su pantalón al suelo y mostró al joven profesional su estado: El testículo que asomaba por encima de sus calzoncillos era del tamaño de un melón, pero de un color rojo intenso. Raimundo fue el primero en expresar su sorpresa: reculó su cuerpo al ver semejante huevo y abrió los ojos como si estuviese viendo al mismo Diablo. El médico, más por inexperiencia que por mala leche, no pudo evitar un gesto sonriente lo que provocó la ira de Julián, que se vistió de inmediato y salió corriendo con sus piernas abiertas, enojado como toro de lidia y sin mostrarle al doctor el otro huevo, que era en realidad el que tenía más inflamado.
Don Julián -finalmente pasó por el quirófano y solucionó sus problemas testiculares- traía esa hernia de la época en que Raimundo y el patrón lo conocieron. Era la época en que el dictador Trujillo hacía de las suyas al frente de la República Dominicana y al peón mudo lo fueron a buscar hasta un campo cercano a Santo Domingo, al otro lado de la isla, por recomendación de un viejo amigo.
No fue fácil llegar a él en medio del monte, pero una vez ubicado Julián aceptó con gusto ir a vivir al norte del país para realizar desmontes en tierras del patrón.
"Lo más difícil de aquel viaje de regreso -contaba Raimundo Torrijos- fue cruzar los puestos camineros, ya que había muchos controles y Julián no tenía documentos. Además era mudo y su piel era oscura, lo que por esos años representaba un riesgo enorme para su vida, porque podía ser haitiano".
La historia oficial no lo dice pero seguro que algún haitiano hábil y mujeriego se había acostado con la mujer o bien con la madre de quien por esos días era presidente de la nación, Rafael Leónidas Trujillo. El dictador había mandado a matar a todo ser humano nacido en el vecino país que se encontrase dentro de los límites del territorio dominicano.
El ejército barrió de costa a costa toda la nación, sin dejar de controlar un solo metro cuadrado de tierra. Los indocumentados eran asesinados a sangre fría, los de nacionalidad sospechosa eran detenidos y los extranjeros, en especial de habla francesa, que no fuesen oriundos de Haití eran trasladados a una dependencia migratoria donde después de varias semanas de detención se comprobaba su origen y, si correspondía, se los dejaba en libertad.
A los haitianos se los asesinaba sin más.
Eran acribillados en plena calle bajo la justicia de las balas. Y si tenían documentos falsos o de dudosa credibilidad, se los ponía a prueba con la palabra "perejil".
Cualquier dominicano decía "perehil", como pronunciando una 'g' muy suave en lugar de la 'j'. Sus vecinos haitianos, en cambio, con un acento francés claramente marcado en su pronunciación, decían "Peguejil", con una 'r' cerrada que sonaba como "gue" y una 'j' bien marcada y fuerte.
Fue dentro de ese contexto nacional que el patrón y Raimundo recorrieron más de 300 kilómetros con el nuevo peón -indocumentado, mudo y de tez oscura- que habían ido a buscar al otro lado de la isla para que haga el trabajo de desmonte en los campos del norte. Gastaron más dinero en favores y mordidas, en aquel viaje, que en combustible y comida.
Don Juan viajó con lo puesto más una pequeña muda de ropa atada en un pedazo de lienzo y su machete: un grueso sable de elaboración casera como de medio metro de largo, afilado a mano con silbada paciencia y con un mango de hueso cuidadosamente tallado con las iniciales 'JA'. La jota era de Julián, eso estaba claro; pero la A nunca se supo, porque además de mudo e indocumentado, el dueño del  machete era analfabeto.
Algunos meses después del incidente con el médico, Julián bajó del monte hasta la casa del patrón con su único amigo, Raimundo Torrijos, para participar de una comida de fin de año que se le hacía a los peones. En esa oportunidad se conoció, en la casa, su debilidad por la bebida.
Entrada la noche, comido el chivo asado y vacías casi todas las botellas, Don Julián sintió su cabeza más grande y más pesada que de costumbre. Una terrible borrachera, fruto del consumo de una enorme cantidad de vino, sidra, ginebra, brandy y tequila, lo dejó inmóvil en su silla.
Si hubiese sido otra persona se podría haber asegurado que estaba mudo del pedo, pero en el caso de Julián habría que decir que estaba inmóvil por su borrachera.
Pasada la medianoche, Raimundo y los hijos del patrón lo arrastraron hasta una piecita, en el fondo de la casa, donde lo acostaron sobre un colchón viejo con la ropa puesta.
Diez minutos más tarde comenzaron las carcajadas.
Sedientos de curiosidad los adolescentes hijos del patrón se acercaron en silencio hasta la única ventanilla que tenía la piecita del fondo, para escuchar al viejo Julián.
Primero salió el sonido de sus enormes carcajadas.
Después se escuchó el eco de su conciencia, desplazada por el alcohol que fermentaba en su sangre.
Por último salieron sus gritos, sus carcajadas y sus frustraciones por aquella banderola de 10 por 10 iluminada por la luna.
"Ja, ja, jaaaaaaaaaa" se reía Don Julián con la respiración entrecortada. "Ja. Ja. Jaaaaaaa... Pinche Tdujillo, hijo de mala madde... Ja. Jaaaaaa. Peguejil, Tdujillo... ¡Pe - gue - jilll! jajajajajaaaaa".

 

 
 
 

 




ACERCA DE TARRITOS


Tarritos Web de Marcelo Bailone González Ángel Eusebio
LA WEB
www.tarritos.es
Leer más >

 
     
  El Autor Marcelo Bailone González Ángel Eusebio Periodista Escritor Narrador Cuentista
EL AUTOR
Ángel Eusebio
Leer más >
 
     
  Libro de Marcelo Bailone González Ángel Eusebio Cuentos Relatos Las Mujeres de antes no usaban teléfono
LA OBRA
Libros del autor
Leer más >
 
     
  Artículos Cuentos Biografías Micro relatos Poesía Taller Literatura Escritor
CONTACTO
Suscripción / RSS
Leer más >
 
     
 
           

alojamiento web gratis
Otros servicios ofrecidos por HispaVista:
Ofertas de Trabajo y Busco pareja
Consigue una página web gratis o un
hosting con Galeón