Hubiera o hubiese desayunado temprano Anna esta mañana: leche, algunas tostadas y queso untable con una cuchara.
Hubiera o hubiese atendido al teléfono las llamadas de sus hijos, nietos o bisnietos, saludándola por su cumpleaños.
Hubiera o hubiese ordenado sus cosas en un escritorio de madera brillante y lustrosa que guardaría el pequeño desorden de la noche anterior.
Hubiera o hubiese pensado en su madre, de la que casi no recordaría su rostro; y en su padre, al que hubiera o hubiese perdido en 1980 porque fue el único que sobrevivió al holocausto.
Hubiera o hubiese salido a la calle para participar de algún acto u homenaje, y hubiera o hubiese pedido que la llevaran a su ‘achterhuis’ –habitación de atrás- situada en un viejo edificio en el Prinsengracht de Amsterdam.
Hubiera o hubiese recordado a todos los que compartieron con ella el achterhuis: sus padres Otto y Edith Frank; su hermana Margot; el dentista judío Fritz Pfeffer y la familia van Pels, formada por Hermann y Auguste van Pels, y el hijo de ambos Peter.
Hubiera o hubiese seguido llamando Albert Dussel al odontólogo.
Hubiera o hubiese seguido llamando van Daan a la familia de Peter.
Hubiera o hubiese seguido pensando en Peter como su primer amor platónico, tal como lo describió en algún pasaje de su diario.
Hubiera o hubiese compartido una comida de lujo, al mediodía, junto a sus amigas Hanneli Pick Goslar (a la que hubiera o hubiese llamado ‘Lies’ como en su diario) y Nanette Blitz, que sobrevivieron a la guerra.
Hubiera o hubiese acudido, tras el almuerzo, al cementerio para llevar flores a los suyos y para recordar en este día tan especial para ella, los más de 100.000 judíos holandeses que se cargaron los nazis durante la guerra.
Por la tarde, hubiera o hubiese soplado las velitas de su cumpleaños en un pastel de fresas, junto a sus amigas.
Por la noche, ya sola en casa, hubiera o hubiese entrado al baño para darse una ducha y hubiera o hubiese contemplado el número de identificación que le tatuaron en su brazo, en Auschwitz en 1944, algunos días después de haber cumplido 15 años de edad.
Hubiera o hubiese tomado el diario de tapas de tela con cuadros rojos y negros que le habían regalado al cumplir 13 años, y hubiera o hubiese recordado, a través de sus escritos, su vida en un escondite ubicado detrás de una vitrina en un apartamento de Amsterdam.
Hubiera o hubiese repasado cada una de las anotaciones hechas los días que vivió allí, entre el 9 de julio de 1942 y el 1 de agosto de 1944.
Hubiera o hubiese recordado aquellas descripciones que hablaban cándidamente de su vida a los 13 años de edad, su familia y compañeros de clase, y su situación de niña-adolescente que empezaba a descubrir su ambición por escribir novelas.
Hubiera o hubiese recordado la fiebre tifoidea, la misma que se llevó la vida de 17.000 prisioneros en Bergen-Belsen. La misma que se llevó la vida de su hermana Margot el 9 de marzo de 1945 en Bergen-Belsen. La misma que terminó con su propia vida el 12 de marzo de 1945, es decir, sólo tres días después de que su hermana cayera de la cama y falleciera allí mismo y un mes antes de que las tropas británicas liberaran ese campo de concentración, en Bergen-Belsen, el 15 de abril de 1945.
Finalmente, hubiera o hubiese continuado su trabajo diario, el mismo que había iniciado el 12 de junio de 1942; y lo hubiera o hubiese escrito con pluma o con lápiz, en una página en blanco, con la fecha colocada arriba a la derecha y el encabezamiento habitual de quien le escribe una carta a su mejor amiga: "Querida Kitty".
Hubiera o hubiese sido una buena manera de celebrar sus 80 años de vida si Anna Franck -Annelies Marie Frank- hubiera o hubiese sobrevivido al holocausto. |