Salía en un R-4.
Era el truco que utilizaba Sandro de América, cuyo verdadero nombre era Roberto Sánchez, para no ser reconocido por sus fans, por sus “nenas”, que le hacían guardia día y noche en la puerta de su casa para poder verlo, tocarlo o arrancarle un beso cuando se asomaba al balcón.
Se ponía una peluca de cabello largo, barba y bigote postizos, un overol verde de jardinero y salía de la casa saludando a las “nenas” como lo haría un especialista en parques y jardines.
Iba en un Renault 4 del año 1974, un tanto destartalado, porque de esa manera nunca nadie sospechaba que podría ser el propio Sandro.
Lo hizo así durante casi 15 años. Cada vez que quería salir de su casa, por el motivo que fuera, se colocaba el disfraz de jardinero y se montaba en su R-4 del año 1974. Entonces se abría el enorme portón de entrada a la vivienda y el jardinero salía tarareando, entre dientes, la más famosa de sus canciones: “…Ay, Rosa dame todos tus sueños / el dueño de tu amor quiero ser…”.
Sus “Nenas” nunca se dieron cuenta.
El lunes 4 de enero, a casi 45 días de soportar un transplante cardiopulmonar en el Hospital Italiano de la ciudad de Mendoza, Argentina, Sandro volvió a usar el truco del R-4.
Los médicos dijeron que el deceso había sido por “shock séptico”, pero sus fans prefieren pensar que “sus labios de rubí, de rojo carmesí" decidieron cerrarse para siempre.
Volvió a ponerse una peluca de cabello largo, barba y bigote postizos, un overol verde de jardinero y salió del nosocomio saludando a las “nenas” como lo haría un especialista en parques y jardines.
Llevaba, además, un corazón postizo que ya no bombeaba y un par de pulmones prestados pero en desuso.
Un agente de tránsito que lo vio parado en una esquina, esperando en un semáforo en rojo, asegura que el jardinero de la R-4 iba cantando entre dientes las últimas palabras de una canción de Sandro: “…si algo ha de morir, / moriré yo por ti”.
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