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01-02-2010
el vuelo de Tomás Eloy Martínez

 

Lo descubrí a los 19 o 20 años de edad, cuando se empezó a publicar el diario Página/12 en Argentina y todos los periodistas que creían en la combinación de la máquina de escribir con los libros -periodismo y literatura- empezaron a tener un espacio en él.
Entonces aparecieron las letras de Tomas Eloy Martínez, Bioy Casares, Jorge Lanata, Osvaldo Soriano, Roberto Fontanarrosa, el Perro Verbisky, Juan Sasturain, Osvaldo Bayer y otros tantos que, al escribir sus artículos en el citado periódico no necesitaban firmarlos. El estilo era la firma.
Tomás Eloy Martínez escribía de la vida en Argentina y aunque vivía fuera del país, su pluma tenía un termómetro mejor al de cualquier argentino que moraba a la vuelta de la esquina.
Si alguien quiere comprar el Manual Inicial del Nuevo Periodismo, entonces debe ir a una librería y pedir 'Lugar común la muerte', que escribió en 1979. “Las ficciones son nuestra forma de rebelión”, afirmó el escritor nacido en la diminuta provincia de Tucumán, la misma patria de Mercedes Sosa. Tomás Eloy Martínez definía con esa frase su adhesión sanguínea al Nuevo Periodismo, donde la literatura y la crónica periodística se fusionan para atrapar a los lectores con una percepción distinta de los hechos.
Era, decididamente genial poder leerlo.
El domingo pasado, 31 de enero de 2010, a los 75 años de edad y cansado de luchar contra el cáncer -en realidad no era uno solo-, se fue de este mundo a uno mejor.
Dicen que fue por enfermedad. Yo creo que, en realidad, no quería presenciar el circo del 200 aniversario de Argentina.
Era un pibe, en su Tucumán natal, cuando escribió su primer cuento para burlar el castigo de sus padres que le habían prohibido leer. Ese gesto, el de llevar al máximo los límites, caracterizó toda su trayectoria como periodista, como escritor y como ser humano.
De ahí mi duda.
Empezó su carrera como corrector en el diario La Gaceta de Tucumán. Fue columnista de los diarios La Nación, The New York Times y El País, de Argentina, EEUU y España. Integró la dirección del semanario Primera Plana (en los años ’60), dirigió el suplemento cultural de La Opinión y trabajó en la revista Panorama, además de haber participado en la fundación de Página/12. También escribió libretos de cine y televisión, y fue crítico cinematográfico.
De la revista Panorama fue despedido por publicar en la tapa los asesinatos de guerrilleros detenidos en la base militar de Trelew en 1972.
Su relato periodístico La pasión según Trelew (1974) fue quemado durante la dictadura Argentina en Córdoba y ahora incorporado como prueba al expediente de la causa que investiga la masacre. También fue el primer director del noticiero Telenoche, de Canal 13 de Buenos Aires. Luego de exiliarse en Venezuela en 1975, amenazado por la triple A, fundó en El Diario de Caracas. En 1991 participó en la creación del periódico Siglo XXI en Guadalajara, México. Además, dirigió durante muchos años el programa de Estudios Latinoamericanos de la Rutgers University, de Nueva Jersey, y fue uno de los referentes de la Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano, creada por su entrañable amigo Gabriel García Márquez.
Escribió, entre otros libros: Lugar común la muerte (1979), La novela de Perón (1985), La mano del amo (1991) y Santa Evita (1995), la novela argentina más traducida en el mundo entero.
“Si cuidás el lenguaje, la ética viene en consonancia porque la responsabilidad empieza por la herramienta que manejás”, dijo en una entrevista publicada en El País hace unos años.
Su muerte duele hasta en las uñas.
Como si estuviera despidiéndose de sus lectores, el 29 de octubre del 2009, hace tres meses exactos, describió el lugar de su (y mi) país en la llegada del 2010, año del cumpleaños número 200 de la República Argentina. El artículo se llama 200 años de soledad.
Si lo leen van a descubrir porque duele tanto su muerte, porque era tan necesaria su letra y porque sostengo que Tomás Eloy Martínez tenía el mejor termómetro del mundo para calcular la fiebre y el resfriado del país que le vio nacer y que lo mandó al exilio.
Dicen que fue por enfermedad. Yo creo que, en realidad, se fue porque no quería presenciar el circo del 200 aniversario de Argentina.
Donde quiera que esté, seguro que debe estar escribiendo.

 

 
 
 

 




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