Ana y Susana
Ana y Susana, sus sanas hazanas no ganan lana, ni nada. La gana Diana, con canas, sonando la nana a las enanas de Ana y de Susana.
Nora, Cora y Dora
Nora, ahora, añora a Cora y a Dora, y las adora. Sin demora, a la hora dormidora de la luna acogedora, doña Nora, ama y señora, llora a deshora como una pecadora por Cora la mora y por Dora su criadora. Colabora la lágrima -desmaquilladora- que su cara decora, pero la desmejora.
Yo callo
Tamayo y el Payo, a caballo, vallaron en mayo el arroyo Ramallo. Yo, de soslayo, haciéndome el gallo ví que el Tamayo se cayó del caballo bayo como un rayo, por un callo amarillo en su tallo. Lloraba el amancillado, por yacer fallado y callado: “No me hallo”, chamullaba el rallado vaya a saber de que laya. Yo callo, pero vaya.
Paula y Pau
Paula y pau, aún en el aula, pautan pausas augurosas. Paula, paupérrima, aúna aplausos con su flauta araucana. Pau, audaz acaudalado, aplaude el paulatino auge y aumento de paúles, sin paular ni maular.
Pietro y Pierina
¿Podrá Pierina Pieruggi pillar a Pietro Pierini? Pierina piensa que Pietro por pícaro pierde pelambre, pero Pietro el ‘Pierdepelos‘ promete pasar por prudente por pensar pacientemente en Pierina, su parienta: “Puedo perder a Pierina por pobreza o por pelado de pesetas; pero por pelón despelusado de pelos, no pasaré de inapropiado perdiendo mi propia prenda”. Pero Pietro pierde pelos, provocándole a Pierina -su prometida y parienta- improbables y presurosos celos. ¡Pobre de ellos!
La Toja teje y ojea
La Toja Tejeda, tan injusta y coja, junta tijeras tajeras y tres agujas tejedoras en una roja caja con raja que encajó el Baraja. Una de las tijeras saja como navaja que se encaja en el ceajo -¡Carajo!- y lo desgaja de cuajo para jalarlo de jeta; y una de las agujas -ajena- la usó la Toja al tejer pellejos de oveja: produjo jubones, jubetes y jerseys para Jiménez, Juárez y Cejas. Juró jamás ojearlos, mientras juntaba tejido y jaleo. No creo. Ojalá cumpliera.
Celeste y Oreste
Oreste, aunque le cueste el preste y enceste, mira al Este y al Oeste. Y Celeste, amiga de éste, tiene en la frente un teste inerte pero fuerte, de la peste de la hueste albi-celeste. "Este Oreste es agreste" dice Celeste y espera que él se tueste, apueste y conteste antes de que se acueste.
El Chueco y la checa
Un chueco del Chaco enganchó una checa, Pacheco, de Checoslovaquia. Chocó con la checa, el Chueco, al chequear la chica. “Mucho chequeo y chucheo” -dijo la checa de Checoslovaquia- “pero aquí no hay cheque”. Mala leche, Pacheco: por no tener cheque el Chueco chaqueño se quedó sin checa.
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