Todavía recuerdo ese enfrentamiento.
Ella tenía uno 4 años de edad y yo unos 15 menos que los que tengo. Se paró delante de mí, con cara de mujer enojada, y me preguntó seriamente si tenía una novia en Alemania.
- Si -le contesté-. Mi novia está becada en Alemania y vuelve en cinco o seis meses.
- Bueno -dijo ella-. Entonces te perdono, tío.
Estaba celosa.
No, no de mí. De su padre. Creía que la chica que estaba en Alemania era novia de él.
Hoy ya no tiene celos de nadie y es más segura que cualquiera de nosotros.
Por ese entonces -4 añitos- era una niña malcriada, chinchuda y juguetona, que llevaba en su boca un caramelo envuelto en papel brillante.
Era una muñeca.
Nos separamos cuando tenía 10 ú 11 porque me fui a vivir a México, pero por la magia de internet nos juntamos cada semana en el messenger.
Entonces me pone al día con los datos de toda la familia en Argentina: “La Cele está preciosa. El pá tiene mucho trabajo y hasta va al taller los domingos. La Cele está para comérsela, tío. La má trabaja todo el día y llega cansada, así que yo cocino algunas veces. La Cele siempre quiere chizitos, tío. La Pau se va a confirmar en noviembre y voy a ser la madrina. A la Cele le encanta andar con esas pantuflas de perrito…”.
Su nombre es Luciana pero creo que la única persona en el mundo que la llama así es mi madre. Es decir, su abuela. Lú, Luci, Luchi, Luchita, Uqui, Uchi y Uci son algunos de los motes con los que se la conoce.
Hoy cumple 19.
Estudia Administración, come todo el día y tiene un novio que dice que la quiere.
Creo que la mejor noticia de su vida se la dieron a los 17, cuando nació su hermanita Celeste.
¿Se imaginan tener una hermanita a los 17?
“Uquiiii”. La primera palabra que pronunció Celeste fue esa: “Uquiiiiii”. Desde ese día no ha dejado de nombrarla: “Uquiiiii, pompame chichito”. “Uquiiii, poneme los ponyyyy”. “Uquiiiiii, dame pucheteeee”. “Uquiiiiiii, quiví al tío Pato”.
Uquiiii. Te quiero. |